Y se pasó un mes…

Los días pasan, ya lo sabemos, y creo que todos de alguna u otra manera buscan tener un mejor día en la medida que el tiempo pasa. Es parte de nuestra naturaleza el buscar superarnos en cada una de las actividades que desarrollamos, pero me animo a decir que que no todos tenemos las mismas prioridades para nuestro desarrollo. Este mundo se ha encargado de hacer que las cosas terrenales o materiales sean más importantes que las espirituales. La gente en general está en una batalla personal por conseguir más cosas físicas. Incluso, llegamos al extremo de no escatimar faltar a la ética o la moral para conseguir lo que queremos.

No pretendo hacer de este post una lección moral, cada uno con su conciencia o forma de pensar. En realidad, poco a nada puedo hacer por cambiar a las personas. Más importante es cambiar primero uno mismo y luego procurar ser un ejemplo a la comunidad con nuestros propios actos. Creo que el ejemplo enseña más que las clases y conferencias a las que he asistido en mi vida. Ya suficiente tengo con mi propia conciencia, quien me hace recordar cada cierto tiempo cuantos malos ejemplos he dado yo mismo en el pasado y quizás aun lo siga haciendo, la diferencia es que ahora me doy cuenta o alguien me lo hace notar, entonces y casi de inmediato hago la corrección necesaria y procuro el cambio para mejor.

La satisfacción de haber corregido el camino, enderezado la acción, me permite saber que cada día de mi vida e trabajado pensando en ser mejor ejemplo para el que quiera notarlo. Ahora sobretodo, deseo marcar una diferencia para mi esposa, mi familia y mis amigos, y vivo una lucha diaria, no por las cosas que este mundo ahora piensa que es importante, sino por lo que considero me puede regresar a nuestra naturaleza de origen.

En este trabajo diario, que ya se ha convertido en una costumbre, debo agradecer a mi esposa por ser mi compañera ideal, ayuda idónea, para mi vida. Hace poco más de un mes que nos casamos, y no ha habido día en el que no haya agradecido a Dios por traerla a mi camino. No ha habido día sin descubrimientos, sin aprendizaje, sin desear que todo siga mejorando cada día. Porque tuve fe, confié, me entregué. Sabía que todo iría bien, no tuve duda. Ahora comprendo más cosas, ahora entiendo el camino que tomé hace unos años atrás. Me queda claro que estaba mal, que iba mal, que estaba enfermo. Gracias a Dios que pude darme cuenta, hoy se que mi camino no es el mismo, mi vida cambia, da un giro y solo la lluvia sabe mi destino.

Seguiré este camino, no se a donde me llevará, pero voy confiado. Madre, allá voy…

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