Seguimos avanzando

Da mucho que pensar como transcurre la vida, las diversas situaciones y retos que te pone para demostrar tu valía. La mayoría de la vida es sufrimiento y dolor o al menos nos encargamos de que sea así. La felicidad es muy breve, efímera, y tratamos de buscarla casi siempre en cosas materiales, en algo o en alguien, y como casi siempre tener esas cosas no depende de nosotros, entonces dependemos de ellas y cuando no las tenemos o no las logramos, sufrimos mucho.

A lo largo de la existencia del hombre, también podemos notar como hemos sido transformados, de ser seres espirituales a ser seres materiales. Ya no se aprecia una luna llena, el canto de un pájaro, la forma de las nubes del día o de las estrellas de la noche. Antiguamente, el hombre dependía de su conocimiento de astronomía, de la observación del sol, la luna, las estrellas para su vida diaria. Era un contacto permanente con la naturaleza. Sin embargo, ahora dependemos del reloj, del celular, de la tecnología. No podemos identificar si quiera una constelación.

Eso mismo ha hecho que el hombre se esfuerce cada vez más por lograr cosas para obtener cosas. El “tener”, a pasado a ser algo fundamental en nuestras vidas. Pero, los especialistas nos indican que, para poder evolucionar adecuadamente, debemos primero “ser” y luego “tener”. Y es en esa búsqueda del “ser” en donde aún tenemos serios problemas. Todo el mundo celebra más el “tener” que el “ser” y eso hace que el estímulo por ser mejores personas caiga cada día.

Entonces, ¿qué podemos hacer? El Rey Salomón, conocido mundialmente por su sabiduría, nos dejó estas enseñanzas:

Eclesiastés 1:2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.
1:3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?
1:4 Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece.

Eclesiastés 2:1 Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.
2:2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?
2:3 Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.
2:4 Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas;
2:5 me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto.
2:6 Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles.
2:7 Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén.
2:8 Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música.
2:9 Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría.
2:10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena.
2:11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.

Una vez leí en un muy buen libro de Papá Jaime, que la gente se esmera mucho por ser el más rico del cementerio. Esa expresión sacudió mi mundo. Tantos años de esfuerzo buscando lo mejor y al final va a ser lo mismo, quizás llegar a ser el más rico del cementerio. Es ahí que empiezo una búsqueda interna, personal, espiritual, y por fin conocí a Dios y su verdad. No el dios que me enseñaron en el colegio de sacerdotes católicos donde estudié, ni el de las sectas que cada día son más abundantes, sino, el verdadero Dios, el que desea nuestro arrepentimiento sincero, nos ofrece el perdón de pecados y la vida eterna.

Lamentablemente, aun son pocos los que creen, pero crecemos a niveles sorprendentes, ya estamos en más de 150 países llevando la verdad. Porque la verdad estaba oculta, fue cambiada por tradiciones e interpretación de hombres. Nadie sabe el camino de salvación que nos enseñó nuestro Sr. Jesuscristo.

Ya el poder de Dios nos ha enseñado que ni la tecnología más avanzada o el conocimiento del hombre puede conseguir nuestra salvación. Todos lo hemos visto en Japón, y aun no acaba. Ayer, otro terremoto en Birmania de 7 grados. Acá en Perú, hace dos días, temblor de 4.7 grados en Ica y ayer otro temblor de 5 grados en Cañete. Nosotros ni siquiera tenemos una cuarta parte de la tecnología de Japón. ¿Qué será de nosotros ante un evento similar? Solo Dios nos puede dar esa respuesta.

Atrévete a conocerla…

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